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El drama de la mutilación en Garissa

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Zubeida y Zeinab tienen 9 años. Saido tiene 7. Para ellas, la niñez ha quedado atrás de forma abrupta, violenta, injustificada. Todas las niñas miran igual después de sufrir la mutilación de sus genitales. Todas olvidan la sonrisa y observan con mirada perdida, tratando de comprender las razones por las cuales han de convertirse en víctimas inocentes de un rito amparado en la cultura, en la religión y en la presión social.

Zubeida, Zeinab y Saido son tres niñas más en la larga lista de mujeres víctimas de la mutilación genital femenina, que en Garissa, al noreste de Kenia, tiene una incidencia de más del 90% a pesar de ser una práctica prohibida por el Gobierno keniano. Un equipo de voluntarios de Save a Girl Save a Generation lleva meses haciendo visitas rutinarias a familias en esta zona de Kenia de mayoría somalí para sensibilizar e informar sobre los graves perjuicios de mutilar a las niñas. Por desgracia, esta vez las voluntarias llegaron tarde. Las niñas, que nacieron en sus casas y no fueron registradas al nacer, no van a la escuela. Después de ser mutilada, una de las niñas no paraba de sangrar pero no fue llevada al hospital debido al miedo de los familiares a ser multados o incluso encarcelados.

La Ley contra la Mutilación, aprobada en 2011 por el Parlamento keniano, es la primera en la historia de Kenia que prohibe expresamente la mutilación genital femenina, estableciendo penas concretas de hasta 7 años de cárcel y multas de hasta 500.000 chelines kenianos (alrededor de 4.300 euros) para los culpables de realizar la mutilación. En caso de que la niña falleciera a consecuencia del corte, la pena se elevaría a cadena perpetua.

La comunidad somalí tiene muy presente las consecuencias legales de llevar a cabo la mutilación, pero lejos de disuadir de su práctica, la nueva legislación ha conseguido empeorar las condiciones de las niñas y ha multiplicado el riesgo de graves complicaciones que pueden provocar incluso a la muerte de las pequeñas por el miedo de los padres a llevarlas a un hospital.

Farhiya es una de las voluntarias. En todo este tiempo, ya ha visitado a 12 familias en Garissa para informarles de los peligros de la mutilación genital femenina y tratar de evitar que las niñas sufran la extirpación de su clítoris. Tras visitar a estas tres niñas, que sufrieron la mutilación Tipo 3 (la más traumática ya que se extirpan clítoris, labios menores y mayores, cosiendo y dejando tan sólo un pequeño orificio urinario), Farhiya se sentía “muy triste” por ver el estado de salud de las niñas. “Quería llorar y me dije a mí misma que tenía que hacer algo para evitar esto”. Aunque Zubeida, Zeinab y Saido no han podido ser generaciones salvadas, el equipo de Save a Girl Save a Generation trabaja ya con sus familias para evitar que sus hermanas pasen por la crueldad y el sinsentido de la cuchilla.

Sobre Jon Cuesta Rodríguez

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