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La cena

By 1 julio, 2010 enero 14th, 2019 No Comments

Esta mañana no hubiéramos imaginado que acabaríamos el día cenando con marineros a bordo de un atunero vasco. Hemos dejado las esperas para ser servidos, los sándwiches y los sucedáneos de pizza seychelloa para comer una sopita casera, un conejo con patatas, una macedonia de frutas y un café.

Con un día de adelanto, esta tarde ha llegado a puerto el Albacán, atunero de la empresa Albacora. Lo ha hecho después de un mes de navegación por aguas del océano Índico. Los 33 tripulantes (30 marineros y tres hombres de seguridad privada) dormirán esta noche amarrados a puerto. El bar Pirata, lugar de encuentro para ellos durante sus estancias en Seychelles, tendrá que esperar a mañana por la noche. Llevan 30 días de trabajo y pocas horas de sueño, y hoy es el día de recargar fuerzas.

Nos preguntas si tenemos periódicos recientes, si la crisis en España es tan grave y, sobre todo, si vimos el partido del martes. “Sí, por fin la suerte cayó de nuestro lado”, respondo. Tendrán la suerte de permanecer en tierra hasta el martes, así que podrán ver el cruce de cuartos entre España y Paraguay. “Le hemos dicho al patrón que retrase la salida al jueves, para ver las semis, pero es imposible”, comentan.

Grabamos la entrada en puerto de semejante monstruo de cuatro plantas de altura. Después empieza a llover, y nos adentramos en el atunero. Es un laberinto de pasillos estrechos, puertas y más puertas. Subimos escaleras, nos cruzamos con ‘morenos’ [en la jerga pesquera, marineros africanos] y llegamos a la sala de mandos. Nos reciben el patrón, el capitán, un oficial de mando y varios pósters y escudos del Athletic. También hay gallegos, pero la decoración corre a cargo de los vizcaínos.

La sala de oficiales es un conjunto de monitores, palancas y botones de todo tipo. Bien se podría grabar allí una película sobre la NASA. Charlamos sobre muchas cosas, y nos invitan a cenar. “Dile al cocinero que ponga comida para dos más”, dice el capitán.

Al aviso de la sirena bajamos a comer. A mesa puesta. Dos platos de primero –ensalada y sopa–, dos de segundo –pescado a la plancha y conejo–, macedonia de frutas y café. Comemos en el comedor de oficiales con los mandos del barco y los hombres de la seguridad privada. Nos acogen como a amigos, no como a periodistas, y conversamos sobre todos los temas. Sin cámaras, pero sin tapujos. Nos dan la oportunidad de convivir con ellos durante un buen rato, aunque después les dejamos trabajar. Aún queda cargar en las cámaras frigoríficas una cantidad ingente de víveres para que a partir del martes, cuando vuelvan a alejarse de tierra, sigan pudiendo comer como si estuvieran en su casa.

Jon Cuesta Rodríguez

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