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La playa del exilio

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“La alegría consiste en tener salud y la mollera vacía” decía Antonio Machado. A poca distancia de sus huesos se encuentra Argeles-sur-Mer, una playa infinita de arena, chiringuitos y cuerpos contentos. Nadie adivinaría mientras se zampa una paella precocinada que éste fue el escenario del último capítulo de una guerra cruenta.

Argeles_web4Aparco frente al restaurante-pizzería Solazo para preguntar sin demasiado éxito dónde se encontraba el campo de los refugiados españoles. Nadie sabe nada, excepto un señor excéntricamente vestido con pantalones hasta los tobillos que ha vivido lo suficiente para recordar que este no fue siempre un lugar alegre . “El campamento fue desmantelado hace muchos años”, explica el paisano, “pero hay un monolito conmemorativo en el pinar que lleva a la playa”.

Al pie del pedrusco, una placa recuerda a los 100.000 españoles republicanos internados en el campo de Argelés tras la retirada de febrero de 1939. “Su desgracia, haber luchado para defender la democracia y la República contra el fascismo en España de 1936 a 1939”, reza la placa. Completa la información un panel explicativo en cuatro idiomas diferentes –ninguno español –en el que se enmarca el suceso como uno de los episodios más trágicos de la historia reciente: “Un gran número de hombres, mujeres y niños, privados de todo, fueron llevados hasta la costa y acomodados en campamentos improvisados donde esperarían a ser evacuados a otras zonas de acogida. Argelés sur Mer fue la primera playa en recibir a los exiliados. El campamento, cercado por un alambre de espinos, se extendía desde donde hoy se encuentra el Hôtel du Lido hasta el Camping Roussillonnais”.

En la última frase de este párrafo se entrecomilla la única aspereza del relato oficial: el campo estaba “cercado por alambre de espinos”. Por lo tanto, los refugiados nos estaban siendo “acomodados”, estaban siendo encerrados en un limbo entre la derrota y la muerte.  Para hacerse una idea del trato inhumano que recibieron los refugiados españoles, tachados de “extranjeros indeseables” por el Gobierno francés, hay que explorar los testimonios de los supervivientes.

Argeles_web3Ya sólo quedan para contarlo los hijos de la derrota, como Azuzena, la única turista triste que encuentro en Argelés. Viene desde Lyon para entregar un ramo de rosas a la memoria de su padre.  “Quizás esté sugestionada, pero la última vez que estuve aquí me pareció verlo tirado en la arena”, cuenta emocionada. El padre de Azuzena consiguió salir del campo, pero antes tuvo que vencer al frío y el hambre, resistió semanas enteras sin recibir agua ni alimento, tirado sobre la arena, a la intemperie, castigado por la lluvia, la nieve y el sol abrasador, sobreviviendo a las pulmonías, la tuberculosis y la disentería que cada cada día se llevaba a alguno de sus compañeros.

Los que no pudieron resistir aquello fueron llevados por la avenida ahora llamada ‘Retirada del 39’, la misma que lleva al Rancho Kentucky, y también al cementerio español. Allí otro monolito se erige sobre la fosa común donde se volcaban los cadáveres, clasificados por apellidos: García (18), Gil (7), González (12), Gómez… Sólo los niños menores de 10 años reciben un trato diferenciado. Junto a la gran fosa, una pequeña lápida explica que al menos 70 fueron allí enterrados.

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De los que consiguieron salir de las playas del exilio, no todos corrieron mejor suerte. Tras la ocupación alemana, la Francia de Vichy se desentendió de los refugiados españoles, entregando a Franco aquellos que reclamaba y enviando el resto a campos de exterminio nazi. Los que consiguieron escapar de ese trágico final fue gracias a que se alistaron ‘voluntariamente’ para realizar trabajos forzados en Compañía de Trabajadores Españoles (CTE), o para combatir en las colonias africanas junto a Legión Extranjera. Algunos incluso se sumaron a la resistencia y contribuyeron a la liberación del país; como la división 9 del general Leclerc, integrada por 150 soldados republicanos españoles. Los primeros blindados que entraron en París el 24 agosto de 1944, se llamaban Madrid, Guernica, Teruel, Guadalajara y Don Quixote.

El pasado 24 de abril, el primer ministro francés, Manuel Valls, y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo –ambos de origen español –, presidieron un acto en memoria de los deportados de la II Guerra Mundial. Entre los nonagenarios condecorados con la Legión de Honor había cuatro españoles deportados a Mathausen y Buchenwald. En España ese día las portadas de los principales periódico hablaban de pactos electorales, de la entrega del premio Cervantes, de la celebración de Sant Jordi y de las abultadas victorias del Barça y del Madrid. Sólo un periódico online, eldiario.es, se hizo eco de esta noticia. “La España de charanga y pandereta”, nos llamaba Machado en el Mañana efímero.

Sobre Jorge Fernández

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