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Somaliland existe

Por 20 febrero, 2016 Sin comentarios
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“Sólo por una convención reduccionista, por comodidad decimos África. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe”, escribe Ryszard Kapucinsky para introducirnos en Ébano.

“¿Qué puedo decir entonces de un país que no encuentro en el mapa de un continente que no existe?”, se pregunta Hayat en el documental.

Es cierto que por un momento Somaliland dejó de existir tal como entendemos la existencia de un estado. En 1991 no había gobierno, no había ejercito ni policía, ni hospitales ni escuelas, ni gente ni animales en las calles, sólo las piedras habían quedado desperdigadas sobre la tierra quemada.

Tras el periodo colonial, los somalíes tuvieron un sueño: unificar a todos sus clanes bajo un mismo territorio. La Gran Somalia que trazó Mussolini se reproduciría años más tarde integrando la Somaliland británica, el Yibuti francés, el Ogadén etíope y el noreste de Kenia en la Somalia italiana. “Ese sueño se convirtió en una pesadilla”, nos cuenta Cawil, un veterano de guerra convertido posteriormente en ministro de Finanzas.

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Las disputas tribales afloraron antes de lo esperado y la Guerra Fría se instaló en un territorio de por sí bastante caliente. Apoyado por la Unión Soviética, el general Syad Barre intentó ocupar Etiopía, que a su vez estaba en guerra con Eritrea, pero las tornas cambiaron y los rusos pasaron a apoyar a los etíopes, mientras los americanos respaldaron a Somalia.

El Cuerno de África era un polvorín cuando Somaliland inició su camino hacia la independencia en 1988; y  el dictador somalí, que por entonces contaba con el ejercito más poderoso de África, no tuvo piedad. Sus principales ciudades fueron bombardeadas hasta la extenuación. No quedó un solo edificio en pie y toda su población huyó hacia Etiopía.

Tuvieron que pasar tres años, hasta la caída del régimen de Barre, para que los refugiados regresasen. Abdulaker, el dueño del hotel Mansoor, describe Hargeisa como una ciudad apocalíptica. En la capital de Somaliland los ríos se habían secado, no había árboles ni sombra bajo la que resguardarse. Cuando decidió construir su hotel, habló con sus amigos en la diáspora: “Cuando comáis una fruta, guardar las semillas y las traéis a Hargeisa”.

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Cawill, Abdulaker, Boobe y Adam son los padres de la nueva Somaliland. Esta tarde nos han contando sus batallas, nos han narrado cómo levantaron un estado de sus ruinas, cómo lucharon para alcanzar la paz y conciliar a los clanes, cómo organizaron un cuerpo voluntario de policías, cómo improvisaron un hospital y un colegio con pupitres de hojalata. Si en Somaliland hubiera un monte Rushmore, sus caras deberían estar grabadas.

Desde 1991, Somaliland es un país independiente y sin embargo sigue siendo imposible encontrarlo en un mapa. La comunidad internacional, reacia a mover fronteras coloniales, se niega a reconocer la soberanía de un país que sobre el papel no existe. Pero Somaliland existe como existe su gente, sus montañas, sus piedras, sus camellos y sus cabras. Somaliland es tan real como la vida misma, como el sueño que despierta de la muerte.

Sobre Jorge Fernández

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